Juan Ramón Mansilla |
![]() |
Una habitación en rojo,
Juan Ramón Mansilla
El toro de Barro.
La piedra que habla
Cuenca, 2011. 61 páginas.
|
El conjunto de piezas del libro de Curiel está escrito en poemas en prosa y en poemas en verso de escansión muy delgada conformando ambos una apariencia elegante y juncal. En todas las composiciones de este talaverano nacido en Korbach, un paralelismo entre lo objetivo y lo subjetivo, revelando la gran metáfora, alcanza las más altas cotas de sugerencia, como podemos apreciar en sumo grado: «Hierba de Marzo / donde arde el último frío. // También yo despeinado / y vacilante / con mi herida llena de hierba. // La arranco / para aliviar de mi fuerza / al mundo.» En su libro, Mansilla (nacido en la Tacita de Plata conquense, Tribaldos) muestra también inclinación por una delicada contención verbal y entra, como Curiel, en equiparaciones entre la manifestación natural, indómita, y nuestro sentimiento, domeñado: «Dormida frente a mí, inmune / al espino malva / de la angustia, inmune, / a la brisa fría de la rabia, / al óxido de la envidia.» Quizá las frases poéticas en Curiel, cómo diríamos, sean más afiladas y ancestrales: «Cristales, a veces los cristales en el camino, o palabras rotas», como ésta puramente nominal, tal un lenguaje originario, y en Mansilla tal vez más distendidas: «Has visto / las grullas / que retornan / y pides un poema / para ir / y no volver», donde la proyección de los abundantes verbos constituyen un verdadero contrapunto debatiéndose con los escasos objetos: grullas, poemas (de nuevo la tensión metafórica) que en la estrofa se muestran como acentos en el compás.
Hemos de celebrar la aparición de estos dos poemarios escritos por quienes manejan un oficio tan lúcido y de quehacer tan experimentado, tal demiurgos que saben exprimir depurada y mágicamente la cotidiana observación de lo que a todos nos rodea sin que, ay, sepamos alambicarla como ellos hacen con tan holgada pericia.